Escapar de la zona de confort

OPINION

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En el artículo de la semana pasada hablamos de la zona de confort, esa madriguera donde nos sentimos cómodos pero de la que nos cuesta salir y nos hace cada vez más pequeños alejándonos de nuestros sueños y aspiraciones.

Hoy intentaremos escapar de ella, pues más allá se encuentra la zona de riesgo o zona de aprendizaje, donde nuestros horizontes se expanden y podemos crecer como personas.

 

“De acuerdo, estoy preparado, ¿por dónde empezamos?”

  1. Lo primero es tener claro cuál es tu objetivo. ¿Viajar más?, ¿aprender música?, ¿cambiar de trabajo?, ¿emprender?, ¿salir de la rutina?.

Una vez lo tengas claro debes comprometerte con él, ¿por qué lo quieres? Visualiza todos los pasos que debes dar para conseguirlo y visualízalo conseguido, y los cambios que produciría en tu vida, mira las ventajas una vez lo consigas, pero también visualiza lo malo, las incomodidades que costará conseguirlo y utilízalas para motivarte, porque si algo es difícil significa que vale la pena.

Una vez hecho confía en tu potencial para lograrlo, conseguirás el objetivo, no hay ninguna duda, ya que la única pregunta es “cuando”. Lo primero para lograr  esa concienciación es desoír las críticas y desánimos que te hagan. Vuelve sordos tus oídos a esos “peros” o a esos “no lo has meditado bien”, piensa que la gente que tiene energías para desanimar es por que no las está usando en algo constructivo.

  1. Toma riesgos.

En eso consiste precisamente salir de la zona de confort. En ella no hay riesgos pero tampoco posibilidad de mejorar, ya que ambos van de la mano. Aventurarse a lo desconocido da miedo pero es allí donde se esconden las cosas maravillosas que podemos conseguir. Ten en cuenta que el mundo es un lugar en perpetuo cambio, refugiarnos en nuestra cómoda madriguera no cambia este hecho, sólo nos deja atrás. Tampoco quiero engañarte, habrá momentos duros en los que recordarás con añoranza la comodidad de nuestro metafórico sofá en la zona de confort pero también habrá grandes momentos, y ambos, buenos y malos nos acercarán más a los objetivos que nos hemos marcado. Acepta los riesgos y acepta los fallos sin drama por que con ambos podemos aprender y crecer.

Y por si no lo sabes esto te lo dice un emprendedor, que sabe lo suyo de tomar riesgos y de momentos duros pero que no se arrepiente de haber continuado avanzando por el camino de la aventura.

  1. Enfrenta tus miedos.

Muchas de las preocupaciones que nos roban energía son irrealizables, o tan anecdóticas que es imposible que sea rentable preocuparse por ellas. Después de todo, nadie se hace un seguro del hogar anti meteoritos, ¿no?

La zona de confort es la zona de las precauciones, donde nos refugiamos de los miedos. Pero de nuevo… sin riesgo no hay aventura. Nos han enseñado que es mejor prevenir que lamentar, y que “más vale malo conocido que bueno por conocer” el que en mi opinión es uno de los peores dichos de nuestra lengua pero también que “muchas veces es mejor pedir perdón que pedir permiso”.

 

  1. Disfruta de lo desconocido.

Piensa en esto ¿cuándo fue la última vez que no supiste que iba a pasar? ¿o con qué gente te ibas a encontrar? ¿qué iba a resultar de todo ello?

¿No añoras ese cosquilleo en las tripas? La sorpresa es un sentimiento maravilloso.

 

  1. Haz el ridículo.

Y ríete de ti mismo. No debe importar el qué dirán.  Piensa en la gente que mejor conoces, seguro que de lo primero que te viene a la cabeza es alguna excentricidad o algún momento de “locura”, eso les hace interesantes.

Así pues ríe en voz muy alta hasta que duela la barriga, di cosas divertidas, aunque sean inapropiadas, baila con el corazón y que el cuerpo le siga, haz lo que no harías por temor a los demás, comete errores, sabiendo que cada uno hace que a la vez siguiente sea más fácil acertar.

Tener miedo a lo que dirán los demás y comportarnos de la forma que ellos esperan es una zona de confort, y si no me atrevo a enfrentarme al qué dirán ¿cómo  puedo esperar enfrentarme a las cosas realmente importantes?

Y si alguien se ríe de tí… celébralo, pues has conseguido algo muy grande.

 

  1. Acepta lo que es y lo que no es.

Ya hemos comentado que durante tu periplo habrá momentos duros, cosas que no saldrán como tú quieres. Cuando estás seguro sabes a qué enfrentarte peor una vez te has adentrado en la zona de la aventura debes sacar partido de todas las oportunidades que se presenten y capear las tormentas. De nada sirve cerrar los ojos y negar los malos momentos, quieras o no ocurrirán, a menos que seas muy afortunad@. Acéptalos y convive con ellos sin generar malos sentimientos y sobretodo aprende a disfrutar de todos los cambios positivos que vas a experimentar por haberte adentrado allí donde ocurre la magia.

 

  1. Rodéate de gente que te apoye.

Muy relacionado con todos los puntos anteriores. En terapia a veces nos encontramos con gente que está rodeada de personas grises, vampiros emocionales (de los que os prometo hablar muy pronto), que impiden que progrese y recorra el camino del cambio. Ese no es tú objetivo.

Busca gente alegre, comprometida contigo, que acepte tus intenciones de cambio y que puedan apoyarte en los malos momentos y celebrar los buenos.

 

  1. Reflexiona: ¿Cómo sería mi vida si estuviese en la zona de aprendizaje-aventura?

Este, tal vez, sea el más importante.  No me refiero a que visualices tu objetivo conseguido como en el primer punto, sino a que compares sino a que compares como es tu vida actual en la zona de confort vs como será mientras te adentras en ella.

Haz una lista de pros y contras si te ayuda, seguro que empiezas con un par de contras, pero estoy seguro de que contra más lo pienses más y más pros irán acudiendo hasta desbordar el platillo de la balanza.

 

Recordad que podéis comentarme vuestras peripecias en la zona de aprendiza en twitter: @m_fecepsico

 

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