Javier Poley: “Entreno todos los días para enfrentarme al toro”

GENTE D.O.

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No hacen falta ni dos segundos para darse cuenta de que el espíritu que alberga a Javier Poley está impregnado de una esencia: la de la ilusión. A sus quince años, este utebero persigue, día a día, cumplir un sueño: estrenarse como matador en la plaza de Las Ventas. “Torear ahí y triunfar te puede dar todo. A cualquier torero le gustaría pisar Las Ventas, aunque sea una vez”, ha matizado. Un anhelo que transmite por todos los poros de su piel y que consigue contagiar de su magia incluso a aquel que es contrario a la tauromaquia.

De figura fina pero esbéltica, camina bajo la extraña unión entre la timidez propia de su edad y la rectitudJavier Poley que se autoimpone en la vida. Una rectitud que le permite cumplir con su grado de Automoción en el instituto Pedro Cerrada y dedicar sus tardes a la práctica del toreo.

“Si no entrenas duro, ponerte delante de un animal es imposible”, explica quien entrena los siete días de la semana. “Esta vida es muy sacrificada”, ha añadido.

Un sacrificio que se ha tomado especialmente en serio en el último año, tras ingresar como alumno en la Escuela de Toreo de la plaza de la Misericordia de Zaragoza.

Poley dio el paso tras acudir, con sus padres, una tarde a un tentadero de Los Maños con la peña a la que pertenece la familia. Ahí, bajo el sol abrasador y en medio de una pequeña plaza, vio torear la maestro Antonio Gaspar Paulita. Sus movimientos y sus verónicas enamoraron a este joven, que por entonces estaba a punto de cumplir los 14 años. Fue tras esa experiencia cuando este utebero decidió que era el toreo a lo que quería dedicar su vida.

“Fue una decisión fácil y rápida; nada más verlo le dije a mis padres que quería ser torero y aquí estoy, trabajando por conseguirlo”, ha explicado con una sonrisa en la boca.

Es la misma que, dice, pone su padre cuando habla de él y de su decisión. “Mi padre me apoya mucho, desde el primer día”, señala. Un sentimiento que también comparte su madre; “Ella también me apoya mucho pero sufre bastante más, pero supongo que será normal y al final tendrá que acostumbrarse”.

Un apoyo que quiere agradecérselo el día que se estrene como matador. A ellos les quiere dejar el honor de elegir con qué traje se lanzará al ruedo. “El día de mi alternativa quisiera vestir de blanco y oro pero el de matador prefiero que elija mi familia porque si llego será gracias a ellos; lo menos que puedo hacer es dejar que elijan cómo vestirme ese día.

ADRENALINA PURA
Cuando le preguntamos qué es lo que más le gusta de la tauromaquia, él se queda sin palabras. Desvía su mirada hacia todas las esquinas, como quien busca las palabras exactas para describir una emoción sin encontrarlas. Finalmente, y tras una sonrisa de oreja a oreja, se lleva la mano al pecho y dice “no se puede explicar”. Solo dos segundos más tarde se atreve a hacer una defensa férrea pero escueta sobre el toreo como cultura: “Muchas personas pensarán que los toros y la tauromaquía no forman parte del arte y la cultura pero yo no lo veo así; a mí el toreo es algo que me impresiona mucho y me deja sin palabras”.

Entre otras cosas, asegura sentir especial emoción “cuando estás en el centro de la plaza y todos están mirando atentamente cuál va a ser tu próximo movimiento, es una situación que impresiona”.

También tiene palabras para el animal al que se enfrenta. “Cuando ves pasar al animal a milímetros de tu cuerpo, la adrenalina se dispara”, aunque, eso si, miedo no pasa pero sí muchos nervios. “Sientes mucho respeto por el toro cuando estás frente a él”, ha añadido.

Y eso que él, de momento, no ha podido probar uno. Se entrena con añojos, que no superan los 80 kilos, pero que le sirven para ir cogiendo fuerza y soltura con los movimientos.

Lo hace con el toreo de salón al principio y con muleta, “porque el capote es más complicado y pesa más”. “Hasta que el maestro no ve que estás listo no te deja enfrentarte a un becerro más grande”, añade. Una técnica que no ha podrá probar en las calles de Utebo. “Tenemos prohibido salir a las vacas porque cogemos malos hábitos; no es lo mismo correr en una calle que hacerlo en una plaza”, ha añadido.

Al igual que él, los más de una decena de chicos que acuden todas las semanas a la escuela y con quienes toreará en Calanda este mes de julio. Es el primer evento que tiene previsto para este verano, aunque no descarta que haya más. “Me gustaría poder saltar a la plaza más días, eso significará que estoy haciendo las cosas bien”, ha concluido.

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