Fernando ya vuela

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Fernando Alonso ha vuelto a volar sobre su coche. El asturiano ha demostrado una vez más que la individualidad es necesaria, pero que sin un equipo detrás es muy difícil llegar a conseguir las metas propuestas.

Hoy nos hemos levantado con la propuesta de rescate a Chipre. La banca de la eurozona ha dado un golpe de efecto al proponer que los depósitos bancarios chipriotas soporten la deuda de dicho país.

Esta medida, a mi manera de ver, es fruto de una acción irreflexiva por parte de los mandatarios europeos. Es cierto que los ciudadanos que han gastado en exceso deben pagar lo que deben, pero es muy lamentable que el pueblo tenga que pagar lo que sus dirigentes despilfarran. Chipre es una pequeña economía con un alto grado de endeudamiento. Su población, como la nuestra, es consciente de que no se puede mantener un estado de bienestar por encima de sus posibilidades. Las soluciones pasan siempre por el sacrificio y el ahorro, pero nadie concibe que de un día para otro haya que pagar una deuda generada a lo largo de varios ejercicios.

La banca alemana, principal comprador de deuda soberana griega, no puede permitirse un impago o un aplazamiento a sus paises deudores. Alemania es un gran corredor, pero olvida que para lograr triunfos es necesario un equipo ganador. Deberían mirar a Fernando Alonso y su equipo Ferrari. Olvidarse de sus compañeros de carrera no les llevará a ninguna meta, ya que la economía alemana depende del consumo interno de la Unión Europea. El resto de paises somos su equipo. O vamos juntos o perderemos. Se puede tener un gran motor, unas excepcionales suspensiones, una aerodinámica efectiva, pero sí en la carrera se suelta una humilde tuerca de la rueda, la derrota es segura.

Nuestro equipo precisa de combustible financiero que ha de llegar del exterior. Con ejemplos como el chipriota tan solo mostramos al mundo que la Unión Europea también puede caer en corralitos. Mostramos nuestro punto débil, la falta de cohesión.

Alguien podrá decir que si, que esto es cierto, pero que miremos a Rafa Nadal. Nuestro campeón de tenis ha vuelto a ganar un gran premio. Su individualidad le proporciona grandes éxitos. Es verdad, pero una lesión le ha mantenido en dique seco durante seis meses y ha pasado de nº 2 del palmarés al cuarto. El riesgo de la individualidad es demasiado elevado.

Esta reflexión debería servir a aquellas individualidades dentro de nuestra piel de toro. Los nacionalismos y separatismos pueden tener algún éxito, pero a la larga Vettel y su Red Bull les pasarán por encima.

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