La prueba del malvavisco

OPINIÓN

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Durante esta semana he hablado con mis alumnos de uno de esos experimentos divertidos y curiosos que a veces se dan en Psicología, y me apetecía compartirlo con vosotros, ya que demuestra como a veces nuestro comportamiento no es todo lo racional que debería ser.
Se trata de la prueba del malvavisco, más conocido como la prueba del marshmallow (en inglés).
Fue realizada por Mischel, uno de los psicólogos más importantes en el ámbito de las diferencias individuales, allá por los años 60 y desde entonces se repite año a año. Youtube tiene muchos vídeos sobre ella, y os recomiendo que veáis alguno, es imposible visionarlo completo sin sonreír.
En la prueba sentó a unos escolares de 4 años frente a un pupitre en una habitación y les dio una golosina, el famoso malvavisco, ya que era el tipo de dulce que a todos los niños les gustaba. El reglamento era sencillo, pero no fácil de cumplir para los pequeños: los iban a dejar solos con el malvavisco durante unos minutos, el dulce era para ellos y podían comérselo si querían pero si esperaban a que el investigador volviese recibirían dos dulces.
¿Cuál creéis que es el resultado?
Si aún no habéis visto el video es un buen momento para ir al siguiente enlace y verlo en youtube.
¡Menudas caritas de sufrimiento! La mayoría de los niños no consiguió aguantar, algunos incluso ni siquiera esperaron a que el experimentador saliese por la puerta para metérselo en la boca, otros empezaron con buenas intenciones, pero lo olieron, tocaron y comenzaron a comerlo pellizquito a pellizquito. Otros sufrieron tanto que sucumbieron casi al final, incluso vi una vez a un niño que mantenía un diálogo interno sobre si debería comerlo ahora o no, al final ganó el sí ante el argumento de que nunca se había caracterizado por tener demasiada fuerza de voluntad.
Solo aproximadamente el 30% consiguió aguantar, la mayoría utilizando técnicas como poner el plato con la chuchería bajo la mesa o girarse para no verlo.
¿Curioso? Pues aún queda lo mejor.
El experimento trataba sobre autocontrol, sobre la capacidad de postergar una recompensa positiva y agradable (el malvavisco) por otra superior (dos malvaviscos), una decisión con la que todo el mundo nos encontramos a diario. ¿Comemos ese trozo extra de pizza o pensamos en el rato extra de gimnasio? ¿Salimos el fin de semana o pensamos en el examen del lunes? ¿Compramos el móvil nuevo o llenamos la cesta de la compra? y como estas mil preguntas más…
¿Por qué hay gente de inteligencia similar que estudia una carrera y gente que no lo hace? ¿Por qué algunos preparan proyectos para su futuro laboral y otros no? ¿Por qué algunosse gastan la cercana paga extra de Navidad en caprichos y otros la reservan para las vacas flacas?
La elección del malvavisco puede parecer un versión muy simple de todos esos problemas, pero como ya os he comentado la prueba se ha realizado anualmente desde los años 60 y ahora esos primeros niños ya son adultos a los que Mischel realizó un seguimiento. Aquellos que aguantaron para tener dos malvaviscos, son personas que, como media, tuvieron más éxito completando sus estudios, tienen puestos de trabajo de mayor responsabilidad y estatus, arrojan mejores índices de salud y, como nota curiosa, a pesar de comer el doble de golosinas menor cantidad de problemas dentales.
¿Qué curioso? ¿y sólo por comer dos malvaviscos?
No exactamente. En el fondo los que aguantaron para comer dos malvaviscos demoraron la gratificación inmediata para obtener una recompensa mayor, por lo que demostraron un mayor autocontrol y visión de futuro. Cuando llegó el momento de elegir si salir al mercado laboral ya o invertir en ellos mismos en espera de un puesto mejor ellos continuaron por este segundo camino, cuando en su vida diaria se presenta la elección de comer adecuadamente o no hacerlo ellos tienen en cuenta los pros y contras igual que ante hacer deporte o cuidar su salud, incluso es más posible que desde pequeños se cepillen los dientes, algo que no gusta a ningún niño, ya que tienen en cuenta que deben pasar por ese fastidioso ritual para evitar males futuros.
Todo esto por supuesto no indica una causalidad, sino una correlación, no por haber hecho la prueba satisfactoriamente los niños triunfarán en la vida, ni por haberse comido el malvavisco a la primera jamás llegarán lejos. Simplemente los niños que aguantaron tienen una tendencia a pensar a más largo plazo que puede ayudarles en el futuro.
¿Queréis realizarla vosotros a vuestros pequeños?
Recordad que ante todo es un juego y el objetivo debe ser divertirse con los pequeños, en ningún caso tiene la validez experimental que consiguieron los autores originales. Estos son los pasos:
1. Prepara la sala. Una mesa, un niño, un malvavisco (o un dulce que le guste mucho, lo más cercano es un jamoncito o nubecilla). Se recomienda que no haya distractores para evaluar realmente lo que queremos evaluar y sí un móvil con cámara grabando su reacción lo que nos proporcionará un jocoso video cuando el pequeño crezca.
2. Explicar las reglas. El niño puede comerse el malvavisco cuando quiera, pero si aguanta mientras el adulto está fuera recibirá otro.
3. Dejar la habitación unos minutos cuando lo haya comprendido.
4. Esperar. El record está en hacerles esperar 20 minutos, cosa que os desaconsejo por su increíble crueldad. 3 o 4 serán suficientes.
5. Vuelve a la sala y recompénsale si lo merece. Si no ha conseguido aguantar nada de castigarle ni echarle ningún tipo de reprimenda, háblale sobre el autocontrol y la satisfacción pospuesta.
6. Divertíos viendo las reacciones del video.
¿Y vosotros? ¿Creéis que aguantaríais para el segundo malvavisco? Podéis contármelo en twitter a @m_fecepsico.

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