Roberto Navarro: “Ser finalista de un premio nacional como éste ya es, de por sí, un premio”

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A sus 37 años es ya una eminencia en el campo de la educación física en Aragón. Coordinador del área en el colegio Parque Europa, este serrablés afincado en Utebo ha conseguido colocar entre los finalistas al premio Acción Magistral 2016 que otorga el Ministerio de Educación el proyecto que le ha hecho más popular: la creación e introducción del Datchball en las aulas.

 

De una actividad física más en clase a estar considerado, casi, como un deporte y encima finalista de premio nacional. ¿Cómo sienta estar en esa posición?

Feliz. Soy ganador por el mismo hecho de ser finalista. A día de hoy, con el nivel educativo que hay,  sentirse reconocido es todo un logro y más por un premio de tanta entidad como es éste.

 

¿Qué patas sujetan el proyecto para que haya alcanzado tanta entidad?

El proyecto recoge información de cómo se ha integrado el datchball en los recreos y en las clases en los últimos cinco años, centrados siempre en el Parque Europa. Recoge el conjunto general de la actividad pero lo enfocamos al plano educativo, como un proyecto de centro. A través de fotografías, estudios, análisis y curvas hemos mostrado cómo se ha formado una dinámica en la que igual que juegan a baloncesto, a futbol o a voleibol, los niños juegan a datchball.

¿Cómo ha conseguido ese éxito en un mundo dominado por el fútbol y el baloncesto?

Principalmente porque es divertido ya incluso antes de jugar. Los chavales crean sus equipos, sus equipaciones, un escudo y nombre para el equipo el primer día. Lo crean desde cero. Además, es una actividad que, aún naciendo dentro de la escuela, también lo practican en Secundaria y los propios padres. Gusta tanto porque es un deporte de niños. Todos tienen opciones de jugar y hacerlo, además, en equipos mixtos. En eso somos bastante intransigentes.  En el reglamento establecí como  obligatorio que haya mínimo dos chicas o dos chicos. No cedemos en esto. .En el instituto, que es una edad difícil, también les obligamos a jugar juntos y al final se relacionan de una forma tan natural que da gusto.

Siempre ha defendido que el objetivo era contar con una actividad inclusiva y parece que también ahí radica su éxito, ¿no?

La gran magia de este deporte que otros no consiguen es tener la fuerza para que los niños que en otras actividades son apartados por la falta de habilidad motriz o social y dejan de jugar tengan ganas de entrar en un equipo de datchball. En los tradicionales el rol está muy marcado y no se tienen en cuenta varios aspectos que sí que tiene el datchball. Aquí no se trata de competir sino de que todo el mundo participe.

Además, resulta curioso es que los alumnos más capacitados son los primeros en eliminarse y los menos habilidosos los últimos porque no parecen una amenaza inminente. Y al final a esos últimos el resto del equipo les anima, grita y aplaude para que resistan y eso les da una subida de autoestima que no les da otro deporte.

El Datchball consigue subir la autoestima a los alumnos que son menos hábiles en el deporte

Van a reconocerle la inclusión del Datchball en la actividad escolar pero hace mucho que dio el salto fuera de las aulas. ¿En qué situación se encuentra?

Se ha exportado a muchos sitios en poco tiempo, como Alagón o Garrapinillos,  e Internet nos ha abierto las puertas al resto de España. Yo como ponente lo he dado a conocer y se lo he enseñado a maestros en jornadas para educación física.

Hace dos años, y lamentablemente no fue en Utebo, se nos adelantó Alagón, que construyó un centro deportivo con un campo de datchball. El constructor, por iniciativa propia, pensó en que era mejor no hacer dos pistas de voley y poner una de datchbal, ya que había tanta afición.

Me llamó, me pidió las medidas y construyó la primera pista fuera de un colegio.  Aquí el PSOE llevaba en su programa hacer una pista en Utebo y espero que lo lleven a cabo. Poco a poco vamos ganando presencia también en la calle

 

Y, este año, han puesto en marcha la primera liga. ¿Cómo ha sido la experiencia?

Fue todo un éxito porque tuvimos en categoría benjamin y alevin a 14 equipos. Fue un salto importante para la actividad y para la implicación de las familias tenían que estar atentas a que una vez al mes tenían partido. Personalmente, para mí fue muy satisfactorio que localidades que no están tan cerca de Zaragoza participaran también y no faltaran nunca a los encuentros.  Este año repetiremos. 

¿Hasta dónde sueña con que llegue el datchball?

Hace tiempo que dejé de pensar en ello. Tenemos tantas cosas en marcha que, simplemente, con lo que hemos conseguido en tan poco tiempo, me parece ya estar viviendo un sueño.

La primera vez que escuche a una niña de Teruel hablar de él me emocioné. No entendía cómo una actividad de escuela podía haber llegado hasta  ahí. Y cómo había hecho tanto bien. En el plano personal, simplemente con el reconocimiento de ser Roberto Navarro, “el del Datchball”, es más que suficiente. Es un sello que llevo con orgullo como maestro de educación física.

 

Roberto-NAvarroFuera del datchball, es un miembro activo y comprometido de la comunidad de maestros de educación física. ¿Ser maestro conlleva este compromiso?

Los docentes de educación física somos muy activos y no nos conformamos. Creemos que la educación física es una asignatura muy importante y a la que no se le da la importancia suficiente. En nuestra asignatura disfrutan los alumnos y es la única que mejora el rendimiento académico y la motricidad. Si el niño tiene una hora de liberación de energía y se relaciona con otros, luego se centrará mucho mejor en la tarea que si está seis horas en una silla.

¿Qué piensa cuando asocian su asignatura con “la maría”?

Creo que la sociedad está cambiando y que poco a poco se valorará lo que se hace. Yo recibí gimnasia, no educación física; y es difícil cambiar el chip y empezar a valorar y diferenciar.

Nosotros tenemos una planificación marcada por una ley. Cinco bloques de contenidos que son diferentes tipos de deportes y que tienes que enseñar. Incentivar la motricidad y los valores humanos y sociales entre los alumnos.

Creo que los niños de ahora que están recibiendo educación física, cuando sean padres, sabrán valorarla porque habrán recibido una buena educación física.

A la educación física aún no se le reconoce lo suficiente su capacidad de potenciar la motricidad ni los valores sociales

¿Esas reclamaciones son las que persiguen con +EF, de la que es miembro?

En esencia, sí. Hace dos años creamos +EF, con 200 miembros, y hemos llegado hasta el Gobierno de Aragón y las Cortes exponiéndoles porqué necesitábamos más horas. Ahora estamos recibiendo un trato favorable. Pedíamos tres horas a la semana y lo hemos conseguido para los cursos de primero a cuarto de primaria mientras que en quinto y sexto, por temas de bilingüismo, sólo podemos impartir dos horas.   

¿Lleva a la práctica esas demandas en su colegio?

Lo intentamos. En  Parque Europa llevamos un seguimiento de todo lo que se hace y cómo evoluciona para que, si llega un profesor nuevo, sepa qué tiene que hacer y cuál es la metodología del centro. Yo, como coordinador, estoy llevando esta tarea y aunque no me gustaría dejar el colegio sí que quisiera que esa metodología no fuera la de Roberto Navarro sino la del Parque Europa.

Hasta dentro de unas semanas no se conocerá el veredicto del jurado  y si, finalmente, además de finalista resulta ganador. Hasta entonces, ¿qué le llena más de orgullo al acabar el día?

Sin duda,  llegar a una clase y que todos los niños se emocionen al verte; ver que gritan y se emocionan porque les toca tu clase. Esa es mi mayor recompensa.

 

 

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