Se reducen los partes médicos por picadura de mosca negra en Utebo

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El final del verano permite hacer balance. Los tratamientos insecticidas hacen descender el número de picotazos frente a 2012, aunque no se descartan medidas puntuales de erradiciación de nuevos focos

La temida mosca negra volvió a ser, a comienzos del verano, un tema de conversación entre los usuarios de la piscina y los agricultores de la zona. A finales mayo la empresa aragonesa  Quimera Biological Systems,  especializada en la eliminación de plagas y en sanidad ambiental, comenzó los tratamientos para el control de insectos y simúlidos, es decir, la mosca negra, en diversas zonas de la localidad. Aunque es difícil evaluar la eficacia de los métodos de eliminación  por la llegada tardía de las altas temperaturas y un mayor índice de precipitaciones que en años anteriores, el personal de la piscina municipal coincide en que, al menos, allí, se ha eliminado este molesto insecto.

La Concejalía de Salud del consistorio ya realizó el año pasado un estudio medioambiental para el control de plagas, con el objetivo de apoyar las campañas ordinarias de fumigación. Los primeros casos durante el verano de 2012 se dejaron notar en el aumento del gasto en consultas y en las farmacias, por lo que el Ayuntamiento se puso manos a la obra para conocer qué medidas se podían tomar en las áreas más afectadas, la ribera del río, las zonas próximas a aguas estancadas y la piscina municipal; y también elaboraron una pequeña guía con consejos.

“La mosca negra avanzó por el río Ebro y llegó en 2012 a nuestro entorno, creando alarma social. Entonces  se planteó la elaboración de un estudio que delimitase el problema. Vistos los resultados se decidió atajarlo a comienzos de este verano”, asegura Nacho Laseo, técnico municipal de medio ambiente. Estos tratamientos consisten en la eliminación de las larvas que crían, fundamentalmente, en el río, ya que necesitan el agua para poner los huevos. El primer paso es, por tanto, identificar las especies y buscar los puntos de cría en acequias y zonas de agua embalsada. “Allí es donde se aplica el tratamiento biológico, una bacteria que solo afecta a este tipo de insectos y que trata de tener baja toxicidad para que no afecte a todas las especies”, afirma Laseo.

Aunque el número de casos ha descendido, desde medio ambiente aseguran que “no se descartan los tratamientos insecticidas en momentos puntuales” y se sigue trabajando en la detección de nuevos focos, colocando trampas de luz o de cebo vivo.

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